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“Tierra” de David Brin

Publicado: 22 de septiembre de 2012 en Lectura
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Me hace particular ilusión elegir como mi primera recomendación literarea del blog la novela de David Brin: Tierra.

Para aquellos que, como me sucedió a mí en su momento, desconocéis por completo a este autor de ciencia ficción, os emplazo a su artículo biográfico en Wikipedia (es una suerte que yo no tuve a mi alcance allá por el año 95 cuando tuve la suerte de adquirir su novela). Para los que deseéis saber más sobre este escritor os incluyo su página web oficial, su blog (donde trata diversos temas, aunque principalmente ciéntificos) y, por supuesto, su twitter.

No obstante, aunque no es mi intención desarrollar el personaje del autor en este post (lo que con seguridad daría para un más que interesante artículo), dejadme que os ponga un poco en antecedentes simplemente indicando que es el mismo autor de la novela The Postman, obra en la que se basa la homónima película protagonizada por Kevin Costner (Mensajero del futuro en España, El Cartero en Latinoamérica). Si bien la película tuvo, en general, una muy mala acogida por crítica y público, un poco en la línea de la desastrosa Waterworld, ni mucho menos esta opinión podría hacerse extensiva al conjunto de la obra literaria del señor Brin. Es más, seguramente, Tierra  (nominada a los premios HUGO y LOCUS) no se trate de su mejor ni más conocida novela (todas ellas enmarcadas dentro del género de la Ciencia-Ficción) pero, definitivamente, es una de sus obras más ambiciosas y personales.

Sin ánimo de exponer una sinopsis ni, hablando coloquialmente, de “destripar” el argumento del libro es inevitable destacar el mensaje ecologista que subyace a la historia y, pese a la visión pesimista del futuro que se plantea en el mismo, el hálito de esperanza que el autor trata de mantener durante todo el desarrollo. Pero entremos a detallar los puntos claves de la novela:

UN FUTURO A LA VUELTA DE LA ESQUINA:

Aunque el argumento de Tierra no ambiciona la complejidad técnica de otras obras de ciencia-ficción ni contiene una trama particularmente enrevesada, no obstante, sí que cuenta con una de las mayores dificultades que se pueden plantear en una obra del género: su cercanía en el tiempo.

La historia se desarrolla solamente cincuenta años en el futuro (la novela es de 1990) escapando así del recurso habitual en obras del género de distanciarse del tiempo presente para poder introducir con mayor comodidad profundos adelantos, situaciones o transformaciones que de otro modo serían más difíciles de aceptar por el lector.

Google-Glasses-ConceptSu proximidad en el tiempo implica, por tanto, que los adelantos tecnológicos han de resultar para el lector naturales, aceptables y muy posibles, cosa que la maestría de David Brin, unida a su amplio conocimiento y curiosidad por los avances tecnologicos más recientes (con razón ostenta títulos en astronomía, física y filosofía), logra alcanzar con creces. Es más, para un lector de hoy en día, a mitad de camino entre la fecha de edición de la novela y la planteada en el libro, tanto estos como otros aspectos resultan sorprendentemente cotidianos, máxime si tomamos en cuenta el contexto tecnológico de su publicación: cambio climático, internet, nuevas situaciones políticas… Por haber hasta existen redes sociales y unas gafas interactivas con complejo de Gran Hermano con un increíble parecido con las google glass de realidad aumentada de las que todos hemos oído hablar en estos últimos tiempos (para aquellos interesados en conocer todas las predicciones formuladas en Tierra y que se han visto cumplidas os recomiendo este enlace).

La capacidad de Brin para sumergirnos en este momento del futuro es tal que no se limita a la exposición de situaciones plausibles sino que, además, nos va trasladando poco a poco hacia este futuro a lo largo de todo el libro mediante la utilización de diversos recursos. Por ejemplo: las conversaciones de los personajes, sin centrarse en los hecho acontecidos hasta la fecha o su situación actual, nos van dejando caer sucesos y conceptos de forma secundaria y hasta terciaria que poco a poco van calando en nuestro subconsciente hasta que nos terminan por resultar completamente familiares; otro recurso, tremendamente sencillo y efectivo, es el hecho de que al inicio de casi todos los capítulos y subcapítulos Brin adjunta “enlaces” de la World Wide Web de su particular universo de Tierra con fragmentos de artículos, opiniones o foros de discusión virtuales que nos van orientando sobre el contexto social, religioso, científico y político de este mundo no tan lejano.

EL LIBRO-TIERRA:

Otro de los puntos a destacar de la novela es la división y subdivisión que el autor hace de la historia.

El libro se encuentra estructurado en doce partes, cada una de las cuales comienza con un breve relato bajo el título de “Planeta”, y  que, desde la primera hasta la última, nos van relatando la historia de la Tierra desde su origen hasta el momento final del libro. A su vez, cada una de estas partes se divide en diversos capítulos que llevan por título cada una de las capas en que se divide la Tierra desde su centro hasta las capas más alejadas de la atmósfera terrestre (núcleo, manto, litosfera, biosfera, hidrosfera, ionosfera, etc.). 

Es imposibles tratar de buscar una relación entre la disposición de las capas en la Tierra y el orden de los capítulos (y creedme: será lo primero que intentaréis si os decidís a leer el libro). No obstante, si nos percatamos de que cada uno de estos subcapítulos se centran en la historia desde el punto de vista de cada uno de los personajes del libro empezaremos a vislumbrar el nexo existente. Es más, no solo ocurre que cada capa del planeta se encuentra asociada a uno de los personajes de la historia, sino que conforme el lector los va conociendo más en profundidad comienza a comprender la relación totémica que mantienen con su capa.

De este modo, por ejemplo, la capa “núcleo” se asocia con el personaje de Alex Lustig, no solo por ser el personaje que encabeza la trama del libro sino porque la mayor parte de su actividad se centra en esta parte del planeta. Por su parte, la capa “exosfera” (la más alejada de la tierra) se asocia claramente con la astronauta Teresa Tikhana, mientras que, por otro lado, la capa “biosfera” se encuentra irremediablemente ligada con Nelson Grayson, el personaje más vinculado con la vida animal y la naturaleza de todo el libro. Ocurre entonces que todos y cada uno de los personajes principales cuentan con una capa apropiada a su personalidad o papel en la historia, convirtiéndose esta curiosidad introducida por el autor en otro aliciente más que acompaña de forma paralela la lectura del libro.

UNA OBRA CORAL:

Otro de los puntos ambiciosos de esta novela y que ya empezaba a ser apuntado en el anterior apartado es que, si bien podríamos ubicar el protagonismo de la historia en dos o tres personajes de la misma (el Dr. Alex Lustig, la capitana Teresa Tikhana y la Dra. Jen Wolling), la realidad es que se trata de una obra coral en la que cada personaje resulta imprescindible y único.

Cada uno de los “protagonistas” no solo cuenta con su propia personalidad, muy marcada y diferenciada la una de las otras, sino que, además, corresponden a estratos muy distintos de la sociedad: adolescentes, adultos, ancianos y ancianas, hombre, mujeres, eruditos, ciéntíficos, técnicos, iletrados… David Brin muestra aquí su gran capacidad para entrar tanto en el terreno de las ideas como de las psiques desarrollando personajes muy opuestos, complementarios o afines, con unas creencias personales muy desarrolladas en su interior y que definen de forma unívoca su actitud y opiniones, manteniendo tal nivel de coherencia en sus actos e interacciones que resulta imposible no identificarse con todos y cada uno de ellos al menos en algún momento de la historia. Desde la megalómana Daisy McClennon hasta la sacrificada Jen Wolling, pasando por el inolvidable George Hutton, todos los personajes están brillantemente desarrollados y son el medio ideal que, en opinión del que suscribe, emplea Brin para mostrarnos el conjunto de sus opiniones y teorías personales en una gran variedad de temas y cuestiones.

Lejos de las novelas en las que el amplio elenco de personajes llevan al lector a perder el hilo de la historia y las conversaciones, obligándole a retomar fragmentos anteriores de la historia a fin de ordenar la cadena de acontecimientos (benditos sean los actuales e-books y sus opciones de búsqueda), los protagonistas de Tierra son fácilmente identificables en su forma de expresarse y en las ideas que manejan incluso antes de que sean nombrados y constituyen un gran ejemplo de cómo confeccionar la parte “vital” de un libro para cualquier escritor de cualquier género.

NINGÚN TEMA ESCAPA A TIERRA:

Como consumado lector de ciencia-ficción (demos por válido el término acuñado aunque en la intimidad me decante por el más correcto de «ficción científica») me interesan todos los temas típicos del género: tiempos futuros, avances tecnológicos, viajes espaciales, vida extraterrestre… Quizá es por eso que una de las cosas que más me maravilló de Tierra (y aún hoy lo hace) fue su capacidad de aglutinar la mayor parte de estos en una única historia.

Sin ánimo de entrar en spoilers incómodos simplemente os aseguraré que, cuando ya estás cerca del desenlace y piensas que nuestro querido David a metido todas las temáticas imaginables en la historia, vuelve una vez más a sorprendernos con un giro inesperado que nos dejará con la boca abierta protagonizado por el periodista Pedro Manella, un personaje secundario pero con el que con seguridad trabaréis una inexplicable complicidad a lo largo de todo el libro.

UN LIBRO DENTRO DE OTRO LIBRO… Y DENTRO DE OTRO:

Volviendo de nuevo sobre el tema de la división del libro, y con un particular interés en aquellos que os propongáis leer Tierra, una recomendación final: una vez que terminéis el libro y antes de comenzar con los “extras” volved a leer los relatos cortos con que se inician cada una de las doce partes del libro. Descubriréis, entonces, una especie de segunda historia, un alegato “Gaiano” con un mensaje filosófico y espiritual implícito que quizá os dé que pensar (al menos ese fue mi caso).

Más aún. Una vez finalizada la historia principal, el autor, adelantándose nuevamente a su tiempo y a los CD’s, DVD’s y BLU-RAY’s de hoy en día, nos regala al final del libro este “extra” que os comentaba en el párrafo anterior. Se trata de una historia adicional con algunos de los personajes anteriores y que viene a desarrollar, aún más si cabe, la historia principal. Es evidente que Brin padece de incontinencia creativa y los asiduos del género, como un servidor, no podemos dejar de darle las gracias.

CONCLUSIONES:

Sería fácil deshacerse en halagos y desarrollos sobre la originalidad de la historia, la capacida del autor para crear un contexto histórico, social y político tan rico y con cierta complejidad, o ir desgranando lo mejor de cada personaje y la interrelación entre cada uno de ellos. Evidentemente, todos y cada uno de los puntos clave de la novela que he mencionado con anterioridad pueden ser analizados más en profundidad (e incluso ser rebatidos, claro), pero no es mi intención diseccionar una historia, ni mucho menos resumir un argumento (gracias a Gaia para lo segundo existen los buscadores de internet o las cuasi-obsoletas contraportadas de las ediciones en papel).

Lejos de todo eso, la intención de este humilde aficionado a la ficción científica es, simplemente, la de exponer algunas de las razones por las que esta obra significó un punto de inflexión en mi amor al género y a la lectura, en general, y tratar, al mismo tiempo, de animar a otros lectores a conocer al autor y esta obra en particular. Si bien David Brin no es, ni mucho menos, Isaac Asimov (aunque haya sido encargado de extender el universo de la Saga de la Fundación de aquel) ni tampoco llega a ser un Michael Crichton (The Postman aparte, no llega a su nivel de comercialización), tampoco se le puede acusar de haber pretendido ser ni uno ni otro. Se trata únicamente de un autor que demuestra ilusión en lo que hace y que disfruta tratando de hacer partícipes a otros lectores de su particular universo imaginativo. Después de todo, todos sabemos hacia donde lleva una excesiva ambición.

En mi modesta opinión se trata de una historia sorprendente y atrayente que, en mi caso particular, se ha convertido en una lectura obligada de forma periódica (al menos una vez cada cinco años) y que me emociona y entusiasma siempre como la primera vez.

Y es que este es, seguramente, otro de los grandes logros alcanzados por Brin en su novela pues, pese a su nada desdeñable tamaño (unas 670 páginas), la historia no se hace pesada ni tediosa en ningún momento. La división del libro en subcapítulos de no mucha longitud, ási como los cambios constantes tanto en localizaciones como en los personajes a través de los que vemos la historia completa, hacen de la narración un fluir rápido y cómodo al que, además, se une el hecho de que la trama va atrapando al lector, ávido de saber qué giro sobrevendrá a continuación o qué es lo que ocurrirá con uno u otro personaje más adelante.

Baste recalcar que casi ningún tema del género escapa a la singularidad de Tierra y los lectores de novelas de ciencia-ficción se sentirán atrapados, sin lugar a dudas, por las fuerzas gravitatorias de esta mágnífica obra.